miércoles, 31 de julio de 2013

carta IV

Pero las palabras seguían brotando,
aunque aquella noche no había nada que decir,
las cosas ya estaban hechas,
solo cabía el triste murmullo de nuestras risas,
esperando a que algo sucediese,
algo que nos sacara de quicio a todos,
que nos hiciera llorar de veras,
al menos por ultima vez.

Y de pronto nos cansamos de correr,
nos cansamos de perdernos en miradas que no llevaban a ningún lado,
o de encontrarnos en los pasillos,
solos,
tristes,
como perros hinchandose bajo el sol,
en alguna vieja carretera.
Pero el sol seguía mirandonos,
triste y solo,
como si la lluvia que paso hace tiempo
no hubiese barrido nada de los pestilentes desperdicios
que alguna vez cedimos por pan,
o por cualquier cosa que nos hiciera pensar que había algo.
Y pienso luego, que las palabras nunca brotaron,
y si brotaron fueron en vano,
que no había oídos para escuchar,
ni nobleza alguna en los actos.
Y seguíamos desesperados,
mirando las aguas correr por nuestros cuerpos tendidos una ultima vez,
como tripas de antiguos animales, apiladas marcando un camino no dibujado.

Podríamos ver de nuevo esa sonrisa?
Esa dulce mañana que nos llevaría a otro lugar,
a otro destino?

Pero despierten,
mis viejos amigos,
que si lo ultimo que quedara fueran nuestros versos,
los gastaríamos en nada,
porque de vivir ya estamos hartos,
porque nuestros cuerpos solo claman por algo,
pasar de largo y mirar hacia atrás.

Pero el tiempo no pasa en vano,
y las sombras nos vendrán a buscar

en cada noche.

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